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martes, 5 de mayo de 2015

PALABRAS OCULTAS

Odio a García Márquez por haber ideado cien años de soledad antes que yo. También lo debe de odiar el vil aventurero de Cristóbal Colón, quien por más que buscó y buscó entre el valle, entre la selva, entre los pantanos y entre una que otra tribu, mirando en su catalejo a bordo de la Santa María,  no pudo encontrar Macondo ni a Aureliano Buendía. El único oro que no se robó Colón y los suyos fue el que buscaba inventar Aureliano, fue muy grande la suerte de aquel frustrado alquimista.
Y por si fuera poco, a las palabras  les toca hoy jugar conmigo a las escondidas, justo en esta calurosa noche, vistiéndose las muy bufonas con trajes muy negros y obligándome a dar vueltas mientras me disponen a contar hasta mil para evitar ser encontradas. Se ríen de mí las rebeldes palabras.
Quisiera ser como aquel que no escribía por interés sino porque le picaba la mano para hoy aprovechar a escribirte la mayor cantidad de bellas frases por cada vez que reciba un piquete de los mosquitos que aguijonearon entre mis dedos beneficiándose  de mi descuido.
Quizá si no correteara tras las estúpidas palabras hubiese acuñado un buen final a la Vida y amores de Alonso Palomino o habría dedicado veintidós minutos en vez de los once que dedicó el precoz de Paulo Coelho.

Total de tanto jugar a las escondidas, las palabras un día se han de cansar. En fin, jugar a  las escondidas no es sentencia de muerte sino un simple juego de niños y de palabras.

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