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viernes, 8 de mayo de 2015

EL DINERO NOS ALEJA

Se acercó el viejo Enrique a su hija una tarde del sábado que venía de su trabajo como albañil. Todos mirábamos a aquel hombre vistiendo su ropa de trabajo llena de cemento por todos lados quitarse la gorra por el calor que hacía mientras pedía algo de tomar y nos saludaba. De repente se dirigió a su hija y le expresó muy sereno:

-Hoy tocó pago hija.¡Gracias a Dios nos cayó una bendicioncita!- No era la primera vez que escuchaba aquella frase, típica de nuestro lenguaje Nicaragüense. Sin embargo se me vino al pensamiento aquello de que el dinero es no es  a como decía nuestro buen amigo "Una Bendición", sino un motivo de discordia entre los individuos, que causa desunión porque genera desconfianza. El vil dinero crea personas con corazón de hielo, es el cimiento de la corrupción el motivo de infinidades de suicidios de personas que lo deben a los demás  y de tensiones entre las personas que no lo ostentan, Que ingenuo mi querido amigo Don Enrique Guevara al decir que el dinero es una Bendición.

Entre menos dinero tiene una persona más confía, comparte lo poco que tiene con los demás. A Pesar de no tener mucho, es totalmente desprendido de lo material, así, si pierde lo poco que tiene, que importa si total no valía mucho. Eso se repone, dicen algunos,  y la vida continúa. Se empieza de una vez, tal y como era el día anterior. Desde Cero.

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martes, 5 de mayo de 2015

PALABRAS OCULTAS

Odio a García Márquez por haber ideado cien años de soledad antes que yo. También lo debe de odiar el vil aventurero de Cristóbal Colón, quien por más que buscó y buscó entre el valle, entre la selva, entre los pantanos y entre una que otra tribu, mirando en su catalejo a bordo de la Santa María,  no pudo encontrar Macondo ni a Aureliano Buendía. El único oro que no se robó Colón y los suyos fue el que buscaba inventar Aureliano, fue muy grande la suerte de aquel frustrado alquimista.
Y por si fuera poco, a las palabras  les toca hoy jugar conmigo a las escondidas, justo en esta calurosa noche, vistiéndose las muy bufonas con trajes muy negros y obligándome a dar vueltas mientras me disponen a contar hasta mil para evitar ser encontradas. Se ríen de mí las rebeldes palabras.
Quisiera ser como aquel que no escribía por interés sino porque le picaba la mano para hoy aprovechar a escribirte la mayor cantidad de bellas frases por cada vez que reciba un piquete de los mosquitos que aguijonearon entre mis dedos beneficiándose  de mi descuido.
Quizá si no correteara tras las estúpidas palabras hubiese acuñado un buen final a la Vida y amores de Alonso Palomino o habría dedicado veintidós minutos en vez de los once que dedicó el precoz de Paulo Coelho.

Total de tanto jugar a las escondidas, las palabras un día se han de cansar. En fin, jugar a  las escondidas no es sentencia de muerte sino un simple juego de niños y de palabras.

LAS FANTASÍAS DE FERNANDO

Aquella tarde los árboles hacían una enorme fila, los pájaros modelaban presumiendo sus agraciados colores y muy fuerte entonaban alegres cantos  mientras los pastos, al escucharlos, se ponían verdes de la envidia. 

Las plantas sonreían a aquel joven distraído tras el fracaso de seducir sus manos, y sus dedos, se marchitaban opacadas en gran enojo.

Las bellas mujeres lucían sus largos vestidos muy coloridos que hacían juego con sus hermosos labios rosados o rojos de forma natural. Esta vez ansiaban ser observadas mientras contoneaban sus anchas caderas al caminar un paso a la vez. De esa forma acentuaban aquellas atrayentes y tan pronunciadas siluetas.

Casas centenarias remarcaban sus tejados húmedos con olor a tierra mojada e imprimían sus rendijas esperando robar, aunque fuera el más mínimo trazo, del pincel que cuidadoso y pensativo sostenía aquel joven pintor.

Mientras pensaba en lograr el boceto más hermoso, esa obra de arte que figura prominente y luminosa en la galería de la imaginación, posaba para él solito sin  que pudiese percibirlo, ese esplendido ambiente el cual le era invisible mientras le susurraba al oído:

-      Pínteme que por acá estoy. ¡Ya deje de fantasear idioteces Fernando!


El mejor de los paisajes, la más bella y cercana inspiración. La que le palpa en sus ojos, en sus manos y en sus dedos. Casi que le abofetea  para hacerse un selfie en el lienzo, a través de las delgadas y ásperas manos aquel, el alienado, el distraído, el melancólico, Fernando el joven Pintor.