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martes, 5 de mayo de 2015

LAS FANTASÍAS DE FERNANDO

Aquella tarde los árboles hacían una enorme fila, los pájaros modelaban presumiendo sus agraciados colores y muy fuerte entonaban alegres cantos  mientras los pastos, al escucharlos, se ponían verdes de la envidia. 

Las plantas sonreían a aquel joven distraído tras el fracaso de seducir sus manos, y sus dedos, se marchitaban opacadas en gran enojo.

Las bellas mujeres lucían sus largos vestidos muy coloridos que hacían juego con sus hermosos labios rosados o rojos de forma natural. Esta vez ansiaban ser observadas mientras contoneaban sus anchas caderas al caminar un paso a la vez. De esa forma acentuaban aquellas atrayentes y tan pronunciadas siluetas.

Casas centenarias remarcaban sus tejados húmedos con olor a tierra mojada e imprimían sus rendijas esperando robar, aunque fuera el más mínimo trazo, del pincel que cuidadoso y pensativo sostenía aquel joven pintor.

Mientras pensaba en lograr el boceto más hermoso, esa obra de arte que figura prominente y luminosa en la galería de la imaginación, posaba para él solito sin  que pudiese percibirlo, ese esplendido ambiente el cual le era invisible mientras le susurraba al oído:

-      Pínteme que por acá estoy. ¡Ya deje de fantasear idioteces Fernando!


El mejor de los paisajes, la más bella y cercana inspiración. La que le palpa en sus ojos, en sus manos y en sus dedos. Casi que le abofetea  para hacerse un selfie en el lienzo, a través de las delgadas y ásperas manos aquel, el alienado, el distraído, el melancólico, Fernando el joven Pintor.

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